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En el Análisis Transaccional (AT), una "transacción" se define como una unidad fundamental de interacción social, que representa un estímulo de una persona y una respuesta de otra. El término en sí, derivado de "trans" (mutuo) y "acción", significa una interacción o comunicación recíproca. El AT se basa en tres principios filosóficos fundamentales: 1. Las personas son inherentemente "OK". 2. Todos poseen la capacidad de pensar y resolver problemas. 3. Cada individuo es responsable de sus propias decisiones y destino. Estos principios resaltan que los individuos determinan activamente cómo les afectan las circunstancias y dan forma al curso de sus vidas a través de sus comportamientos y elecciones. Subraya la importancia de asumir una responsabilidad adulta por los resultados que se derivan de nuestras decisiones. Por ejemplo, un simple saludo seguido de una respuesta constituye una transacción. De manera más amplia, situaciones como un niño llorando después de perder un juguete, un profesional reaccionando con ira ante un revés comercial, o un padre frustrado después de una llamada de la escuela, pueden entenderse a través de la lente del análisis transaccional, revelando los patrones subyacentes de interacción y respuestas emocionales.