El escorbuto es una enfermedad que se desarrolla como resultado de la deficiencia de vitamina C (ácido ascórbico) en el cuerpo. Aunque su prevalencia ha disminuido hoy en día, aún puede presentarse, especialmente en individuos con deficiencias nutricionales. Dado que el cuerpo humano no puede sintetizar la vitamina C, debe obtenerse externamente a través de la dieta. La vitamina C absorbida se distribuye por todos los tejidos del cuerpo; se concentra más en los tejidos glandulares, mientras que está presente en concentraciones más bajas en el tejido muscular y adiposo. El exceso de vitamina C se excreta a través de los riñones. En un individuo sano, la reserva total de vitamina C es de aproximadamente 1500 miligramos; una ingesta dietética inadecuada de vitamina C durante al menos tres meses, que resulte en una disminución por debajo de los 350 miligramos, puede conducir al desarrollo de escorbuto. La vitamina C neutraliza los radicales libres dañinos producidos por las reacciones bioquímicas en las células, previniendo así el daño oxidativo al ADN y las proteínas. Debido a su papel crítico en la síntesis de colágeno, su deficiencia causa anomalías estructurales en los tejidos que contienen colágeno, como la piel, el cartílago, los huesos, los dientes y las paredes de los vasos sanguíneos; por ejemplo, se observan con frecuencia hemorragias en las encías. Además, contribuye a la producción de ciertas hormonas y aumenta los niveles de hemoglobina en la sangre al mejorar la absorción de hierro del sistema digestivo.