En la terapia de ablación, se dirige el tejido cardíaco que causa la arritmia. En este procedimiento, se inserta típicamente un tubo delgado y flexible llamado catéter en los vasos sanguíneos y se guía hacia el corazón. Una vez que se alcanza el área objetivo en el corazón, se aplican diversas fuentes de energía como calor (ablación por radiofrecuencia), frío (crioablación), láser o químicos para inactivar el tejido. Mediante estos métodos, se eliminan las vías eléctricas responsables de que el corazón produzca ritmos irregulares o anormales.

Específicamente en la ablación por radiofrecuencia (calor), se utilizan ondas de radio para calentar con precisión el tejido objetivo. Esta área, expuesta a temperaturas típicamente entre 50 y 70 grados Celsius, pierde completamente su función. Así, la parte que causa la arritmia y las palpitaciones se desactiva permanentemente, y el ritmo cardíaco del paciente vuelve a la normalidad.