Según el Análisis Transaccional, en cada comunicación interactuamos desde un estado del yo específico (Padre, Adulto, Niño). Esta forma de interacción, o 'transacción', determina cómo procederá la comunicación. Por ejemplo, cuando una persona hace una pregunta lógica desde el estado del yo Adulto y recibe una respuesta lógica del estado del yo Adulto de la otra parte, la comunicación continúa de manera saludable como una 'transacción complementaria'. Sin embargo, si se da una respuesta grosera o sarcástica a una pregunta del estado del yo Adulto desde un estado del yo diferente, como un Padre Crítico o un Niño Rebelde, se produce una 'transacción cruzada', lo que lleva a una ruptura o interrupción de la comunicación. El Análisis Transaccional enfatiza el desarrollo de habilidades de conciencia, espontaneidad e intimidad para que los individuos alcancen la autonomía. Las necesidades humanas fundamentales, como el reconocimiento (caricias), la permanencia dentro de una estructura y la capacidad de dar sentido a sus relaciones, constituyen la base de las relaciones saludables. Cuando se satisfacen estas necesidades, las relaciones prosperan. Particularmente en las relaciones emocionales, la comunicación mejora en calidad y riqueza en la medida en que incluye elementos como la pasión, el afecto, la confianza, la curiosidad, el amor y la atracción.