Inicialmente caracterizado como una enfermedad principalmente respiratoria, la entrada del Covid-19 en el cuerpo se vinculó a los receptores ACE2, que se expresan en gran medida en el tejido pulmonar. Sin embargo, a medida que nuestra comprensión de la enfermedad evolucionó, quedó claro que el Covid-19 tiene un impacto sistémico, afectando a casi todos los sistemas de órganos, con una notable predilección por el sistema vascular. Más allá de los pulmones, los receptores ACE2 también se encuentran abundantemente en las células endoteliales, que forman el revestimiento interno de todos los vasos sanguíneos. La infección de estas células por el virus puede provocar una lesión vascular generalizada. Además, se sabe que el virus Covid-19 infecta directamente las células miocárdicas y los pericitos que las rodean. En consecuencia, las personas después de una infección por Covid-19 pueden exhibir un daño miocárdico significativo y anomalías vasculares. La investigación sugiere que la afectación miocárdica puede observarse en aproximadamente el 75 % de los casos, incluso en pacientes sin síntomas cardíacos manifiestos. Para los pacientes con enfermedad de las arterias coronarias preexistente, la inflamación vascular y el daño aumentados inducidos por el Covid-19 pueden desestabilizar incluso las placas ateroscleróticas no críticas, lo que podría conducir a una ruptura aguda de la placa, oclusión vascular e infarto de miocardio.