Las bursas son pequeñas bolsas llenas de líquido que protegen los músculos, tendones y otros tejidos blandos alrededor de las articulaciones de factores externos y huesos. Su función principal es proteger los tejidos óseos de traumatismos y fricción. Se encuentran con mayor frecuencia en áreas móviles del cuerpo como las articulaciones de la rodilla, el hombro y la cadera.

Cuando las bursas se someten a un traumatismo repentino o a una presión leve pero prolongada y repetida, pueden inflamarse e hincharse con líquido. Esta condición se llama bursitis, que significa inflamación del saco bursal. Los casos en que los síntomas duran menos de tres semanas y responden bien al tratamiento se definen como bursitis aguda. La bursitis que no cicatriza a pesar del tratamiento o que recurre con frecuencia se denomina bursitis crónica.

Si bien existen numerosas bursas en muchas articulaciones de todo el cuerpo, uno de los tipos más comunes de bursitis es la bursitis prepatelar. La bursa prepatelar se encuentra directamente delante de la rótula (patela), entre la patela y el tejido cutáneo. Su función es proporcionar protección reduciendo la presión y la fricción sobre la rótula cuando la rodilla entra en contacto con el suelo. La inflamación, la acumulación de líquido y la hinchazón de esta bursa se denomina bursitis prepatelar.