Los tumores benignos suelen mostrar un crecimiento lento y a menudo están encapsulados dentro de una fina membrana. Tienden a crecer desplazando los tejidos circundantes en lugar de invadirlos, y su desarrollo puede extenderse de meses a años. El dolor es poco común con los tumores benignos, y cuando ocurre, generalmente es atribuible a factores indirectos más que al propio tumor.

Por el contrario, los tumores malignos (cánceres) se caracterizan por un crecimiento más rápido y el potencial de diseminarse (metastatizar) a los ganglios linfáticos regionales y a órganos distantes como los pulmones, el hígado, el cerebro o los huesos. Invaden los tejidos adyacentes, alterando su función normal. Por ejemplo, la invasión de nervios cercanos puede interrumpir su correcto funcionamiento. Además, los tumores malignos a menudo causan dolor una vez que alcanzan un cierto tamaño. Este dolor puede ser el resultado de la invasión del tumor en estructuras como el hueso o la articulación temporomandibular, o directamente al afectar los nervios sensibles al dolor en la región de la cabeza y la cara.