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Cuando un paciente presenta síntomas sugestivos de papiledema, un oftalmólogo realiza un examen ocular completo. Usando un oftalmoscopio, el médico visualiza directamente la cabeza del nervio óptico, la porción anterior del nervio óptico en la parte posterior del ojo. Normalmente, esta estructura, que mide un poco más de 1,5 milímetros de diámetro, presenta márgenes nítidos y distintos y una ligera depresión central, conocida como disco óptico. El papiledema se diagnostica cuando el disco óptico aparece elevado y sus bordes externos están borrosos o indistintos. Esta condición surge de un aumento de la presión intracraneal (PIC), que impide el flujo venoso de la retina, lo que lleva a la hinchazón de la cabeza del nervio óptico. Los signos oftalmoscópicos incluyen venas retinianas ingurgitadas, ausencia de pulsaciones venosas espontáneas y, en casos graves, hemorragias peripapilares o exudados en la retina. El papiledema debido a una PIC elevada es típicamente bilateral. Los defectos del campo visual, como un punto ciego agrandado y una constricción de la visión periférica, son comunes. Las pruebas de campo visual pueden variar desde un examen de confrontación a pie de cama hasta una evaluación más formal utilizando cuadrículas especializadas por un oftalmólogo. Aunque el papiledema causado por el aumento de la presión cerebral generalmente no causa daño permanente al nervio óptico a menos que sea prolongado, la preocupación principal es la patología cerebral subyacente, ya que la hinchazón cerebral a veces puede ser potencialmente mortal. La imagenología cerebral de emergencia (Tomografía Computarizada o Resonancia Magnética) es crucial para identificar cualquier anomalía estructural. Si la imagenología cerebral es normal, a menudo se realiza una punción lumbar para medir la presión del líquido cefalorraquídeo. La hipertensión intracraneal idiática (pseudotumor cerebri) es una causa común de papiledema cuando los resultados de la imagenología cerebral no revelan anomalías.