El tratamiento de reticulación corneal (CXL), realizado en un entorno estéril de quirófano, implica fundamentalmente dos etapas. El ojo que va a ser sometido al procedimiento se anestesia primero con gotas tópicas. Posteriormente, el ojo y el área circundante se limpian y preparan asépticamente. Luego se coloca un blefarostato para mantener el ojo abierto durante todo el procedimiento.

En la primera etapa, el epitelio corneal central se retira meticulosamente en un área de 8,5-9 mm de diámetro. Tras la retirada del epitelio, el grosor corneal se mide con precisión. Posteriormente, se aplica tópicamente solución de riboflavina en el ojo cada dos minutos durante un total de 20 minutos. Al finalizar esta fase, se vuelve a medir el grosor corneal. Esta medición es crítica, ya que el punto más delgado de la córnea debe superar las 400 micras para proceder con la irradiación UV-A.

Si el grosor corneal cumple este criterio, se inicia la segunda etapa, la terapia con luz UV-A. La duración de la irradiación UV-A varía, oscilando típicamente entre 3 y 30 minutos. Bajo el protocolo estándar, la irradiación UV-A dura 30 minutos, una duración a menudo preferida para pacientes menores de 18 años, quienes tienen un mayor riesgo de progresión de la enfermedad. Para pacientes adultos, los protocolos acelerados (con tiempos de irradiación de 9-10 minutos) son cada vez más favorecidos hoy en día. Durante la segunda etapa, la solución de riboflavina continúa aplicándose en la córnea cada dos minutos mientras se administra la irradiación UV-A.

Una vez finalizado el procedimiento, la córnea se irriga a fondo, se vuelve a medir el grosor y se coloca una lente de contacto de vendaje en el ojo. Esta lente de contacto permanece en su lugar hasta que la curación epitelial sea completa, generalmente para el tercer o cuarto día, después de lo cual se retira.