Los pacientes con Parkinson deben adoptar una dieta de tipo mediterráneo, rica en frutas, verduras y aceite de oliva. Debido al mayor riesgo de caídas asociado a la enfermedad, se debe prestar especial atención a la salud ósea. Bajo la supervisión de su médico, los niveles de calcio y vitamina D deben controlarse regularmente y, si es necesario, se deben incorporar suplementos y alimentos ricos en calcio como leche, queso y yogur a su dieta. Aunque continúan los estudios sobre la relación entre la vitamina E y la progresión de la enfermedad de Parkinson, actualmente no existe evidencia científica definitiva y consistente. No obstante, se sabe que una dieta rica en antioxidantes es beneficiosa para la salud general. También debe considerarse una ingesta adecuada de vitaminas del grupo B, como la vitamina B12 para las funciones cognitivas y la vitamina B6 para el manejo del Parkinson. En los casos en que algunos pacientes experimenten dificultades para tragar (disfagia), la forma de preparación de los alimentos debe reevaluarse con la ayuda de un médico o dietista.