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El consumo de tabaco puede, por lo general, conducir a una disminución de los niveles de colesterol bueno (HDL) y a un aumento de los niveles de colesterol malo (LDL). Aunque fumar no produce colesterol directamente, puede alterar el equilibrio del colesterol a través de sus efectos negativos en los vasos sanguíneos y los cambios metabólicos. Fumar es, por sí mismo, un factor de riesgo significativo para las enfermedades vasculares. Teniendo en cuenta que el colesterol también es un factor de riesgo clave en el desarrollo de la aterosclerosis, la combinación de tabaquismo y colesterol alto aumenta exponencialmente el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Por lo tanto, dejar de fumar es de gran importancia para la protección de la salud cardiovascular.