En bebés y niños pequeños, la trompa de Eustaquio, que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz y la garganta, es más corta y horizontal. Esta característica anatómica hace que la trompa de Eustaquio sea más propensa a la obstrucción, aumentando el riesgo de infección. Además, el sistema inmunológico de los niños pequeños aún no está completamente desarrollado, lo que los hace más susceptibles a las infecciones.