El diagnóstico temprano y la intervención oportuna en la EPOC pueden ralentizar o detener significativamente la progresión de la enfermedad. El proceso de diagnóstico comienza con una evaluación detallada de los síntomas y quejas del paciente. A continuación, se utilizan pruebas de función pulmonar (PFP) y métodos de imagen como las radiografías de tórax. La capacidad respiratoria se mide comparándola con los valores normales esperados, teniendo en cuenta factores como la edad, el sexo y el peso corporal del paciente. Las pruebas de función pulmonar no solo permiten el diagnóstico de la EPOC, sino también la determinación de la gravedad de la enfermedad. Las mediciones del nivel de oxígeno en sangre, ciertos análisis de sangre y las pruebas de esfuerzo se encuentran entre otros procedimientos diagnósticos complementarios importantes.