El término "cáncer de médula ósea" abarca varias enfermedades distintas, cada una con patrones de progresión únicos. El concepto de "fase terminal" varía significativamente según el diagnóstico específico.

Para las leucemias agudas, no se aplica un sistema de estadificación tradicional como el de los tumores sólidos. Estos son cánceres agresivos caracterizados por un inicio rápido y una progresión veloz. Sin un tratamiento inmediato y adecuado, las leucemias agudas pueden provocar rápidamente complicaciones graves y tienen una supervivencia media corta, lo que hace que la intervención urgente sea crucial.

En la leucemia mieloide crónica (LMC), la fase avanzada o "fase blástica" se considera la fase final. Esta fase indica una transformación de la enfermedad crónica en una afección similar a la leucemia aguda, caracterizada por una proliferación incontrolada de células sanguíneas inmaduras.

La leucemia linfocítica crónica (LLC) a menudo sigue una estrategia de "espera vigilante" en sus etapas tempranas, sin requerir tratamiento inmediato. Sin embargo, la LLC avanzada o "en etapa tardía" requiere una intervención activa. En esta fase terminal, los pacientes pueden experimentar síntomas significativos como agrandamiento del bazo, dolor óseo, anemia severa y complicaciones hemorrágicas debido a recuentos de plaquetas críticamente bajos.

Para el mieloma múltiple, en sus etapas avanzadas, la médula ósea está fuertemente infiltrada por células plasmáticas cancerosas. Esto puede conducir a una anemia profunda, infecciones frecuentes y graves debido a un sistema inmunitario gravemente comprometido (recuentos bajos de glóbulos blancos) y tendencias hemorrágicas resultantes de la reducción de la producción de plaquetas. La afectación ósea grave, incluidas fracturas patológicas e hipercalcemia, también se vuelve más prominente.