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La torsión testicular se diagnostica principalmente mediante un examen físico exhaustivo, seguido de pruebas de diagnóstico por imagen. La ecografía Doppler es la modalidad de imagen preferida, ya que evalúa eficazmente el flujo sanguíneo al testículo, lo cual es fundamental para confirmar el diagnóstico. Tras un diagnóstico definitivo, la intervención quirúrgica inmediata es esencial para preservar la viabilidad testicular. Es crucial diferenciar la torsión testicular de otras afecciones que presentan síntomas similares, como la epididimitis, la hernia o el varicocele. Si bien la ecografía Doppler es típicamente la investigación de primera línea para casos agudos, una gammagrafía con radionúclidos, que mide el flujo sanguíneo testicular, puede utilizarse en situaciones no urgentes seleccionadas o cuando los hallazgos de la ecografía no son concluyentes, proporcionando una alta precisión diagnóstica para diversas patologías escrotales.