En el tratamiento de las fracturas por estrés, se deben evaluar de manera integral factores como la ubicación de la fractura, la edad del paciente, el nivel de actividad y el estado general de salud. En pacientes jóvenes y activos, se aplican tratamientos conservadores que restringen el movimiento, como yesos u ortesis, para asegurar la estabilidad de la fractura y promover la curación. En fracturas tardías o más complejas, puede ser necesaria una intervención quirúrgica para la alineación y estabilidad de los fragmentos de la fractura. Particularmente en atletas con altos niveles de actividad, se pueden preferir métodos de tratamiento más completos o intervencionistas para acelerar la curación y prevenir la recurrencia. Para las fracturas por estrés que se desarrollan en individuos mayores con bajos niveles de actividad, los métodos no quirúrgicos (como la aplicación de yeso) suelen ser suficientes.
El proceso de curación de las fracturas por estrés puede llevar más tiempo en comparación con las fracturas normales. En estos pacientes, se deben tener en cuenta posibles enfermedades metabólicas que puedan predisponer a las fracturas por estrés y se deben realizar investigaciones adicionales con análisis de sangre detallados.