Si bien las causas exactas de la agorafobia aún no se comprenden completamente, se cree que una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y ambientales contribuye a su aparición. Diversas teorías explican los posibles mecanismos que pueden contribuir al desarrollo de este trastorno. En términos de características individuales, rasgos de personalidad como la introversión extrema se han asociado con una mayor probabilidad de un diagnóstico de agorafobia. De manera similar, los individuos con rasgos de personalidad evitativos y dependientes pueden tener un mayor riesgo de desarrollar agorafobia. Algunos enfoques de salud mental, como la teoría psicoanalítica, interpretan la agorafobia como una respuesta a conflictos emocionales internos; por ejemplo, puede verse como una manifestación de un sentimiento de vacío que surge de un conflicto edípico no resuelto. En consecuencia, aunque la agorafobia, como otros trastornos mentales, está relacionada con un amplio espectro de factores de riesgo psicológicos y ambientales, también se cree que una predisposición genética puede desempeñar un papel significativo en algunos individuos.