Las causas principales de la bursitis prepatelar incluyen traumas agudos resultantes de una caída directa sobre la rodilla, y microtraumatismos que ocurren por el contacto prolongado o repetitivo de la rodilla con el suelo. En casos de trauma agudo, los vasos sanguíneos dentro de la bursa pueden dañarse, lo que lleva a una hemorragia en la bursa. Esta hemorragia puede ser más grave, especialmente en individuos con trastornos de la coagulación sanguínea o en pacientes mayores que toman medicamentos anticoagulantes. Si no se trata de manera temprana y adecuada, las paredes de la bursa pueden engrosarse, y el tejido sanguíneo y los líquidos dentro de ella pueden volverse densos, transformando la condición en un proceso crónico más difícil de tratar. En personas que trabajan en profesiones que requieren arrodillarse de forma repetitiva o continua (como mineros, jardineros, instaladores de alfombras, mecánicos), pueden ocurrir cambios patológicos en la bursa debido a una exposición constante, aunque menos severa, lo que lleva a la acumulación de líquido acompañada de dolor e hinchazón. Las infecciones y las afecciones inflamatorias de bajo grado como la gota, la sífilis, la tuberculosis o la artritis reumatoide son otros factores que pueden causar la bursitis prepatelar.