Las personas diagnosticadas con mucormicosis requieren un tratamiento rápido y agresivo. La piedra angular de este tratamiento son los medicamentos antifúngicos. Los agentes antifúngicos controlan la infección deteniendo el crecimiento y dañando los hongos responsables de la misma.

Los medicamentos antifúngicos utilizados en el tratamiento de la mucormicosis pueden administrarse por vía intravenosa (IV) u oral. Típicamente, en la fase inicial del tratamiento, se aplican dosis altas de medicamentos intravenosos para controlar rápidamente la infección; esta fase puede durar varias semanas. Una vez finalizada la terapia intravenosa, se puede pasar a medicamentos antifúngicos orales.

Debido a la naturaleza potente y las altas dosis de los medicamentos antifúngicos utilizados, los pacientes pueden experimentar varios efectos secundarios. Es importante que los pacientes informen rápidamente a su proveedor de atención médica si experimentan síntomas como dolor abdominal, acidez estomacal o dificultad para respirar.

En casos graves, puede ser necesaria una intervención quirúrgica. Esto implica la extirpación de tejidos gravemente dañados por la infección por mucormicosis, con el objetivo de prevenir la propagación de la infección a otras partes del cuerpo. Tales operaciones pueden incluso incluir la extirpación de partes de órganos como la nariz, los pulmones o los ojos cuando esté clínicamente indicado. Aunque estos procedimientos quirúrgicos pueden provocar algunas alteraciones en la apariencia de los pacientes, no debe pasarse por alto su papel crítico en el control de una infección por mucormicosis potencialmente mortal.