El éxito del tratamiento de la espina bífida está directamente relacionado con la gravedad de la afección y el grado de afectación de los nervios. En los casos en que los nervios están dañados hasta el punto de perder completamente su función, generalmente no es posible revertir este daño. En tales situaciones, el objetivo principal del tratamiento es preservar las funciones existentes al nivel más alto posible y prevenir posibles complicaciones. Después de la intervención quirúrgica para cerrar el sistema nervioso y protegerlo de infecciones, se implementan tratamientos de apoyo adaptados a las necesidades específicas del paciente. Estos tratamientos incluyen fisioterapia para la debilidad muscular, tratamientos ortopédicos correctivos para problemas ortopédicos y terapias destinadas a mejorar el control de la vejiga y el intestino. Aunque algunos problemas pueden no ser evidentes en la fase inicial, pueden surgir como problemas secundarios con el tiempo. Ejemplos de esto incluyen el síndrome de médula anclada (tethered cord syndrome), la escoliosis o cifosis que pueden desarrollarse durante el crecimiento y las deformidades de los pies. Pueden ser necesarios tratamientos e intervenciones adicionales para el manejo de estas afecciones secundarias.