Todos los órganos de nuestro cuerpo contienen receptores del dolor. La función principal de estos receptores es transmitir estos estímulos al cerebro cuando se detecta una amenaza potencial o se produce daño tisular, permitiendo así que el cuerpo se proteja. Cuando se administra la anestesia epidural, los estímulos dolorosos llegan a la médula espinal. Sin embargo, gracias a la anestesia epidural, las fibras nerviosas que transmiten el dolor al cerebro se adormecen temporalmente. A través de este mecanismo, la futura madre no siente las señales de dolor que llegan a la médula espinal, ya que estas señales no pueden alcanzar el cerebro. En consecuencia, no se siente el dolor de las contracciones uterinas durante el parto, la episiotomía (corte de la pared vaginal durante el parto) o la salida del bebé. De manera similar, si se utiliza anestesia epidural durante una cesárea, la madre no siente el corte de los músculos abdominales. Durante la operación, las sensaciones de presión y tacto pueden persistir, pero la percepción del dolor se elimina por completo.