Dado que la fiebre reumática es la causa subyacente de la cardiopatía reumática, el enfoque de tratamiento más eficaz es prevenir la fiebre reumática. Esto se logra mediante el tratamiento antibiótico oportuno y adecuado de las infecciones por estreptococos.

Cuando se desarrolla la fiebre reumática, se utilizan antibióticos para erradicar la infección y detener su progresión. También se pueden recetar medicamentos antiinflamatorios para reducir la inflamación y minimizar el riesgo de daño cardíaco. En los casos en que se desarrolla insuficiencia cardíaca, se pueden agregar medicamentos adicionales al régimen de tratamiento.

Las personas que han experimentado fiebre reumática pueden recibir tratamiento antibiótico profiláctico, ya sea de por vida o por un período específico (por ejemplo, hasta los 40 años), dependiendo del grado de daño de las válvulas cardíacas, para prevenir infecciones recurrentes y el riesgo subsiguiente de daño cardíaco adicional. Se pueden usar aspirina, esteroides o medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para controlar la inflamación aguda.

En situaciones donde ha ocurrido daño cardíaco, el tratamiento se determina por la extensión del daño que la fiebre reumática ha causado a las válvulas cardíacas. En casos severos, pueden ser necesarias intervenciones quirúrgicas, como la reparación o el reemplazo de válvulas cardíacas gravemente dañadas.