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El trasplante de hígado se realiza en casos de insuficiencia hepática, que se manifiesta en dos formas principales: aguda y crónica. La insuficiencia hepática aguda puede desarrollarse rápidamente en cuestión de días o semanas; sus causas más comunes incluyen la intoxicación por hongos y el uso de ciertos medicamentos. La insuficiencia hepática crónica, por su parte, se desarrolla típicamente debido a condiciones como la cirrosis (incluyendo infecciones virales de Hepatitis B y C), enfermedades de las vías biliares, ciertas deficiencias nutricionales, trastornos genéticos, consumo excesivo de alcohol, hemocromatosis (una condición hereditaria que hace que el cuerpo absorba y almacene demasiado hierro) o diversas enfermedades metabólicas. En ambas formas de insuficiencia hepática, el trasplante de hígado es una opción de tratamiento vital, que permite a los pacientes recuperar su salud y llevar una vida de buena calidad.