La endoscopia bajo anestesia generalmente no es el método diagnóstico preferido para el reflujo en bebés debido a su naturaleza invasiva. A menudo se prioriza un enfoque centrado en el tratamiento, con terapias empíricas guiadas por los síntomas, sobre uno puramente diagnóstico. Si se sospecha reflujo, se pueden recetar medicamentos para suprimir el ácido estomacal. Síntomas como la hinchazón, las heces infrecuentes y los eructos constantes pueden indicar una motilidad gástrica reducida; en tales casos, se podrían considerar medicamentos para aumentar el movimiento estomacal. En cuanto a la alimentación, los bebés deben ser alimentados en pequeñas cantidades y con frecuencia. Las tomas nocturnas deben completarse al menos 2 horas antes de dormir. Después de cada toma, el bebé debe mantenerse en posición erguida durante al menos 45 minutos. Si bien las almohadas antirreflejo son beneficiosas, también es importante que la cabeza del bebé esté elevada al menos 30 grados durante el sueño. Para los bebés que han comenzado con alimentos sólidos, se deben evitar las mandarinas, naranjas, fresas (debido al alto riesgo de alergia), bebidas carbonatadas, chocolates que contengan cacao, avellanas y cacahuetes, ya que estos pueden desencadenar el reflujo.