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La policitemia aumenta la viscosidad de la sangre, lo que ralentiza el flujo sanguíneo que transporta oxígeno al corazón, el cerebro y otros órganos vitales; esto puede provocar un aporte insuficiente de oxígeno a los órganos. Además, el aumento de la viscosidad sanguínea incrementa significativamente el riesgo de coagulación, lo que puede dar lugar a complicaciones graves como accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio. Si no se trata, la policitemia es una afección peligrosa y conlleva un riesgo a largo plazo de transformarse en trastornos sanguíneos más graves como la mielofibrosis o la leucemia aguda.