El cáncer de pulmón y las mortalidades asociadas están predominantemente vinculados al consumo de tabaco. Fumar cigarrillos es el principal factor de riesgo, sin embargo, una porción significativa, aproximadamente el 15%, de todos los casos de cáncer de pulmón se diagnostican en individuos que nunca han fumado. La exposición al humo de segunda mano también eleva sustancialmente el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón. Dejar de fumar puede reducir el riesgo de cáncer de pulmón hasta en un 50% en una década. Productos de tabaco como cigarrillos, pipas, puros y narguiles están establecidos como agentes carcinógenos primarios. Más allá del tabaco, otros factores cruciales contribuyen al desarrollo del cáncer de pulmón, incluyendo la predisposición genética, la inhalación de sustancias ambientales nocivas como el amianto, el gas radón y la contaminación atmosférica significativa. Intervenciones médicas previas, como la radioterapia en el tórax, ciertas enfermedades pulmonares crónicas como la tuberculosis, y niveles elevados de arsénico en el agua potable, también son factores de riesgo reconocidos. El reciente aumento en la incidencia del cáncer de pulmón, particularmente entre las mujeres, también se correlaciona con el aumento de las tasas de consumo de tabaco dentro de este grupo.