El tratamiento primario para el cáncer de tiroides es generalmente la intervención quirúrgica. En esta operación, se extirpa la totalidad de la glándula tiroides o la parte afectada. Si la enfermedad se ha diseminado a los ganglios linfáticos, estos también pueden necesitar ser extirpados quirúrgicamente. En el período postoperatorio, se puede aplicar un tratamiento adicional llamado terapia con yodo radiactivo (terapia atómica) para ciertos tipos de cáncer de tiroides. La necesidad de este tratamiento es determinada por el médico tratante, teniendo en cuenta los resultados patológicos y el riesgo de recurrencia de la enfermedad. Antes de la terapia con yodo radiactivo, generalmente puede ser necesario suspender la medicación tiroidea y seguir una dieta especial. Durante el tratamiento, debido al riesgo de emisión de radiación, el paciente debe ser aislado, y posteriormente, se deben tomar precauciones contra la radiación durante un cierto período para proteger a quienes lo rodean. Después de la cirugía de tiroides, se administra terapia hormonal tiroidea oral de por vida para satisfacer las necesidades de hormona tiroidea del cuerpo y prevenir la recurrencia de la enfermedad. Los tratamientos adicionales como la quimioterapia y la radioterapia generalmente se requieren solo en etapas avanzadas o casos raros, como el cáncer anaplásico de tiroides.