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La aplicación de Botox es el método no quirúrgico más frecuentemente realizado para el levantamiento de cejas. Este procedimiento dermocosmético es valorado por su rápida aplicación, facilidad y mínimos efectos secundarios. Antes del tratamiento, se determina una forma de ceja ideal para adaptarse al rostro del individuo, asegurando una apariencia natural y armoniosa. El objetivo principal es lograr una expresión más suave y un aspecto más vibrante y saludable para el paciente. El procedimiento se completa en aproximadamente 10 minutos después de aplicar cremas anestésicas tópicas en la piel. Durante el proceso, la toxina botulínica se inyecta con precisión con agujas finas en puntos predeterminados, dirigiéndose a músculos específicos para facilitar la elevación de las cejas. Se utilizan pequeñas dosis para asegurar que las cejas conserven su movimiento natural sin ser completamente inmovilizadas. Los pacientes suelen comenzar a notar cambios en su apariencia facial unos días después del levantamiento de cejas con Botox. Una ventaja significativa de este tratamiento es la ausencia de cicatrices. Cuando lo realizan especialistas, los efectos adversos son excepcionalmente raros, lo que permite a las personas reanudar sus actividades diarias de inmediato. Aunque los resultados pueden variar de persona a persona, generalmente se recomienda repetir el procedimiento de Botox cada 4-6 meses, o aproximadamente dos veces al año, para mantener la posición elevada de las cejas.