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La aplicación de nitrógeno líquido produce resultados exitosos en pacientes cuidadosamente seleccionados para el tratamiento de tumores óseos malignos. Este protocolo de tratamiento tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de los pacientes y prevenir la pérdida de extremidades.
El proceso de tratamiento generalmente comienza con quimioterapia preoperatoria, y a veces radioterapia, para controlar el tejido tumoral y cualquier posible célula cancerosa circulante en el cuerpo. Esta terapia neoadyuvante facilita la resección quirúrgica al reducir el tamaño del tumor y asegura el control sistémico del cáncer.
Posteriormente, el hueso maligno y el tumor de los tejidos blandos circundantes se extirpan cuidadosamente durante una operación quirúrgica. El hueso extirpado se limpia de tejidos cancerosos y se envía simultáneamente para examen patológico a fin de evaluar la eficacia del tratamiento preoperatorio.
El hueso libre de tumores se congela sumergiéndolo en nitrógeno líquido durante aproximadamente 20 minutos. Este proceso de congelación profunda asegura la destrucción de todas las células cancerosas dentro del hueso. Después, para permitir que el hueso se descongele, se mantiene en un ambiente seco durante 20 minutos, seguido de 30 minutos en solución salina fisiológica. A través de este proceso, el hueso se vuelve completamente necrótico (sin vida).
Esta compleja intervención quirúrgica debe ser realizada por oncólogos ortopédicos especializados en tumores óseos y cirujanos con experiencia en microcirugía, empleando un enfoque multidisciplinario. Para restaurar la integridad esquelética y la vitalidad del hueso necrosado, se coloca microquirúrgicamente un injerto óseo vascularizado, extraído del propio cuerpo del paciente, en el hueso sin vida. La sutura meticulosa de los vasos pequeños en esta etapa es de vital importancia para la integración exitosa del injerto.
En el período postoperatorio, el hueso desvitalizado recupera su suministro de sangre y, con el tiempo, su integridad funcional y estructural gracias al tejido óseo vivo implantado.
¿Cómo se realiza la cirugía con nitrógeno líquido en los tumores óseos malignos?
El proceso de tratamiento generalmente comienza con quimioterapia preoperatoria, y a veces radioterapia, para controlar el tejido tumoral y cualquier posible célula cancerosa circulante en el cuerpo. Esta terapia neoadyuvante facilita la resección quirúrgica al reducir el tamaño del tumor y asegura el control sistémico del cáncer.
Posteriormente, el hueso maligno y el tumor de los tejidos blandos circundantes se extirpan cuidadosamente durante una operación quirúrgica. El hueso extirpado se limpia de tejidos cancerosos y se envía simultáneamente para examen patológico a fin de evaluar la eficacia del tratamiento preoperatorio.
El hueso libre de tumores se congela sumergiéndolo en nitrógeno líquido durante aproximadamente 20 minutos. Este proceso de congelación profunda asegura la destrucción de todas las células cancerosas dentro del hueso. Después, para permitir que el hueso se descongele, se mantiene en un ambiente seco durante 20 minutos, seguido de 30 minutos en solución salina fisiológica. A través de este proceso, el hueso se vuelve completamente necrótico (sin vida).
Esta compleja intervención quirúrgica debe ser realizada por oncólogos ortopédicos especializados en tumores óseos y cirujanos con experiencia en microcirugía, empleando un enfoque multidisciplinario. Para restaurar la integridad esquelética y la vitalidad del hueso necrosado, se coloca microquirúrgicamente un injerto óseo vascularizado, extraído del propio cuerpo del paciente, en el hueso sin vida. La sutura meticulosa de los vasos pequeños en esta etapa es de vital importancia para la integración exitosa del injerto.
En el período postoperatorio, el hueso desvitalizado recupera su suministro de sangre y, con el tiempo, su integridad funcional y estructural gracias al tejido óseo vivo implantado.