Los primeros indicadores del trastorno del espectro autista (TEA) a menudo implican patrones atípicos en la interacción social y la comunicación, comportamientos o movimientos repetitivos (como balancearse, girar o aletear las manos), caminar de puntillas, rabietas persistentes o intensas, y sensibilidades elevadas a ciertos sonidos, olores o texturas.