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La espasticidad se manifiesta con una variedad de síntomas que afectan la función muscular y la calidad de vida. Los indicadores clave incluyen hipertonía (aumento del tono muscular), clonus (contracciones musculares rápidas e involuntarias), reflejos tendinosos profundos exagerados y espasmos musculares. Las personas también pueden experimentar el fenómeno de tijera (cruce involuntario de las piernas), contracturas articulares que conducen a articulaciones fijas y rigidez muscular persistente acompañada de contracciones involuntarias que pueden ser dolorosas. Síntomas adicionales a menudo incluyen dolor o malestar generalizado, disminución de la capacidad funcional, dificultades con el cuidado personal y la higiene, y la adopción de posturas anormales. La gravedad de la espasticidad puede variar desde una rigidez muscular leve hasta espasmos musculares severos, dolorosos e incontrolables, que pueden conducir a deformidades óseas y articulares. En los niños, la espasticidad puede afectar particularmente el desarrollo, causando problemas de crecimiento, articulaciones dolorosas y deformadas, y una discapacidad significativa.