Los síntomas iniciales de la insuficiencia hepática pueden incluir quejas generales como fatiga, debilidad, pérdida de apetito, náuseas, vómitos y diarrea. A medida que la enfermedad progresa, surgen síntomas más distintivos y graves; estos incluyen ictericia, distensión abdominal (acumulación de líquido en el abdomen, conocida como ascitis), facilidad para la aparición de hematomas o sangrado (por ejemplo, hemorragias nasales, sangrado de encías o sangrado prolongado por lesiones menores) y deterioro cognitivo. Este deterioro cognitivo, conocido como encefalopatía hepática, puede manifestarse como una pérdida de la percepción del tiempo y el espacio, incapacidad para reconocer a familiares cercanos y comportamiento inconsistente, potencialmente progresando a somnolencia aumentada y coma. Estos síntomas avanzados indican que la enfermedad ha alcanzado una etapa más crítica.