La etiología de los trastornos de síntomas psicosomáticos (trastornos somatomorfos) es compleja y se cree que resulta de la interacción de varios factores. Generalmente, cualquier condición fisiológica o psicológica que afecte el funcionamiento de un individuo se denomina "estrés", y el cuerpo humano desarrolla respuestas fisiológicas, conductuales y cognitivas al estrés. Hoy en día, estas respuestas pueden allanar el camino para el desarrollo de trastornos psicosomáticos. Aunque la investigación no establece una etiología definitiva, identifica una serie de posibles factores de riesgo para los trastornos de síntomas psicosomáticos. Estos incluyen antecedentes de negligencia o abuso sexual en la primera infancia, un estilo de vida caótico, dificultad para expresarse debido a una crianza pasiva durante la infancia y la adolescencia, y dependencia del alcohol y las sustancias. Además, se señala un fuerte vínculo entre los patrones de apego poco saludables formados por un niño con sus padres y las adversidades infantiles, y la somatización; los estilos de apego inseguros pueden predecir el desarrollo de la somatización en la edad adulta. Los factores psicológicos también son desencadenantes importantes. Los rasgos de personalidad, los conflictos inconscientes, los patrones de comportamiento desadaptativos y las dificultades en la expresión emocional/verbal pueden considerarse dentro de este alcance. Además, factores ambientales, culturales y sociales, como los eventos estresantes de la vida, también pueden ser efectivos en la aparición de trastornos psicosomáticos. Las diferencias sociales, culturales y geográficas también son elementos importantes que influyen en la prevalencia de estos trastornos.