La aterosclerosis, caracterizada por la acumulación de placas grasas dentro de las arterias, puede impedir el flujo sanguíneo. Este estrechamiento a menudo provoca síntomas como dolor en el pecho (angina) y aumenta significativamente el riesgo de complicaciones graves como la formación de coágulos sanguíneos y el infarto de miocardio (ataque al corazón). Un stent es un pequeño tubo de malla expandible que se inserta para restaurar y mantener la permeabilidad de las arterias estrechadas, aliviando así los síntomas y reduciendo el riesgo de eventos cardíacos críticos.

Más allá de las aplicaciones cardíacas, los stents también se utilizan en diversas otras condiciones médicas:
* Para mantener la apertura de conductos (por ejemplo, conductos biliares o vías urinarias) que están estrechados debido a cálculos u otras obstrucciones.
* Para prevenir el colapso de las vías respiratorias y mejorar la respiración en afecciones que afectan los bronquios.
* Para reforzar y mantener la luz de los vasos afectados por aneurismas (dilataciones anormales), asegurando un flujo sanguíneo normal y previniendo la ruptura.