En el tratamiento del cáncer de hígado, la extirpación quirúrgica del tumor (resección) es generalmente el primer método considerado. La idoneidad de este enfoque depende de factores como el estadio del tumor, su diseminación dentro del hígado y la salud hepática general del paciente. Si el tumor no es adecuado para la resección o cumple con criterios específicos, el trasplante de hígado puede considerarse como una opción de tratamiento. El trasplante de hígado, al reemplazar completamente el hígado enfermo por uno sano, es uno de los métodos de tratamiento más efectivos que reduce significativamente el riesgo de recurrencia tumoral. En los casos en que las opciones quirúrgicas no son posibles o como tratamiento complementario, se aplican varios métodos de tratamiento localizados y sistémicos. Estos métodos incluyen la ablación (quemar o congelar el tumor), la embolización, la radioterapia, la terapia farmacológica dirigida, la inmunoterapia y la quimioterapia. Estos tratamientos tienen como objetivo destruir las células cancerosas o controlar su crecimiento. Sin embargo, si el cáncer se ha diseminado fuera del hígado (ha metastatizado), el tratamiento quirúrgico generalmente no es apropiado; en esta situación, los tratamientos sistémicos pasan a primer plano.