En los últimos años, el consumo generalizado de alimentos precocinados y los estilos de vida sedentarios han provocado un rápido aumento de peso en los individuos. Esta situación ha allanado el camino para un incremento de enfermedades crónicas como la obesidad, el colesterol alto, la hipertensión y la diabetes en la población. Con el tiempo, el exceso de grasa y otras moléculas dañinas que se acumulan en los vasos sanguíneos pueden afectar negativamente el flujo sanguíneo, la estructura de los vasos, la presión arterial y el ritmo cardíaco del sistema cardiovascular. Si bien este sistema degenerado puede no mostrar síntomas significativos en reposo, los momentos de esfuerzo físico aumentado pueden provocar ataques cardíacos repentinos, picos de presión arterial potencialmente mortales y otros problemas de salud graves. Además, la prueba de esfuerzo juega un papel crítico en el diagnóstico de ciertas enfermedades cardíacas genéticas o congénitas, especialmente la enfermedad de las arterias coronarias.