La calcificación (o artrosis) es un proceso degenerativo observado en diversas partes del cuerpo, particularmente en las articulaciones, y surge de la influencia de múltiples factores. Generalmente, la pérdida celular relacionada con la edad, un estilo de vida sedentario, inflamación crónica o infecciones, problemas con los tejidos esqueléticos y conectivos, predisposición genética, enfermedades autoinmunes y ciertas deficiencias vitamínicas pueden allanar el camino para la calcificación. Además, los niveles altos de calcio en la sangre también pueden contribuir a esta condición.

Las causas y los síntomas de la calcificación varían significativamente según la articulación o región afectada:

* Calcificación/Artrosis de rodilla: Diversas enfermedades desempeñan un papel, principalmente debido a una disminución del líquido intraarticular. La artrosis (desgaste del cartílago articular con el tiempo), la artritis reumatoide (una enfermedad autoinmune inflamatoria) y la artritis postraumática (debido a fracturas de la articulación de la rodilla o lesiones de ligamentos) son los principales desencadenantes de la calcificación de rodilla.

* Calcificación/Artrosis de cuello: Micro y macro traumas, malos hábitos posturales y factores genéticos, junto con el envejecimiento, pueden conducir a la calcificación del cuello.

* Calcificación/Artrosis de columna vertebral: La edad avanzada, un estilo de vida sedentario, el exceso de peso, una dieta poco saludable, el tabaquismo y las largas horas pasadas inmóvil en un escritorio son factores ambientales importantes que contribuyen a la calcificación de la columna vertebral. La predisposición genética también se encuentra entre los factores de riesgo inmodificables.

* Calcificación/Artrosis de cadera: Ocurre como resultado del daño al tejido cartilaginoso en las superficies de las articulaciones móviles.

* Calcificación del oído (Otosclerosis): Aunque su causa exacta no se comprende completamente, se cree que la predisposición genética juega un papel importante. Generalmente es más común en mujeres que en hombres, apareciendo típicamente entre los 20 y 40 años.