Sí, el hígado graso puede progresar a cirrosis. Esta condición a menudo avanza sin síntomas evidentes en sus etapas iniciales y puede no detectarse hasta que el hígado haya sufrido un daño significativo. El tratamiento generalmente implica varios medicamentos; sin embargo, una dieta saludable y equilibrada, junto con actividad física regular, son enfoques fundamentales para manejar la enfermedad y detener su progresión. El riesgo de cirrosis es notablemente alto en pacientes con obesidad, diabetes y aquellos que, en el momento del diagnóstico inicial, presentan no solo hígado graso (esteatosis) sino también inflamación (hepatitis) y desarrollo de tejido fibroso (fibrosis) en el hígado (esta condición se conoce como esteatohepatitis no alcohólica, o EHNA). Es de gran importancia un seguimiento cercano de estos pacientes y abordar los problemas subyacentes que causan el hígado graso.