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Mientras que la fisura labial presenta principalmente desafíos cosméticos, labiales y nasales, el problema más significativo asociado con la fisura palatina es la alteración del habla. Inmediatamente después del nacimiento, asegurar una alimentación adecuada es primordial. A lo largo de su desarrollo, los individuos con fisuras pueden experimentar un retraso en el crecimiento de sus dientes, mandíbula y huesos faciales, que se extiende hasta la edad adulta. Incluso después de una reparación inicial exitosa de la fisura labial y palatina, los niños requieren un seguimiento continuo del desarrollo de su hueso maxilar superior y dental durante su período de crecimiento. Además, los procedimientos correctivos como las cirugías ortognáticas (reposicionamiento de la mandíbula) y la septorrinoplastia (cirugía nasal) a menudo son necesarios como tratamientos complementarios más adelante en la vida. Cuando solo hay una fisura labial o solo una fisura palatina, los desafíos asociados tienden a ser menos complejos. Sin embargo, cuando ambas condiciones ocurren juntas, el proceso de curación y los resultados finales pueden diferir y a veces presentar mayores complejidades.