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Determinar la eficacia de la terapia hormonal en el cáncer implica un enfoque multifacético, que combina imágenes diagnósticas y pruebas de laboratorio específicas para monitorear la respuesta del tumor y la progresión de la enfermedad. Para el cáncer de próstata, los análisis de sangre de rutina miden los niveles de antígeno prostático específico (PSA), un biomarcador clave que indica la actividad de la enfermedad y la respuesta a las terapias moduladoras de hormonas. La resonancia magnética de próstata también puede utilizarse en algunos casos para rastrear los cambios tumorales. Para el cáncer de mama, el monitoreo implica imágenes diagnósticas como mamografías, ecografías mamarias y, cuando sea necesario, resonancias magnéticas mamarias. También se realizan pruebas de laboratorio, incluidas aquellas para marcadores tumorales específicos o niveles hormonales. Para ambos tipos de cáncer, un aumento en los niveles de biomarcadores relevantes (por ejemplo, PSA) o el crecimiento tumoral continuo durante el tratamiento indica a los médicos especialistas que la terapia hormonal no es efectiva y puede necesitar un ajuste.