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La biopsia hepática se divide principalmente en tres tipos principales: percutánea, transyugular y quirúrgica. En una biopsia hepática percutánea, se utiliza una aguja a través de la piel para obtener una muestra de tejido del hígado. Este método ha sido un procedimiento estándar ampliamente utilizado durante muchos años. Dependiendo de la condición del paciente, se pueden usar técnicas de imagen como la ecografía (USG) o la tomografía computarizada (TC) para guiar el procedimiento antes o durante el mismo. Una biopsia transyugular implica insertar una aguja en la vena yugular del cuello, avanzarla a través de los vasos sanguíneos hasta el hígado y luego tomar una muestra. Este método se prefiere particularmente sobre la biopsia percutánea en pacientes con acumulación de líquido (ascitis) en la cavidad abdominal. Una biopsia quirúrgica implica que un cirujano general tome una muestra de hígado si es necesario durante otra operación quirúrgica (por ejemplo, cirugía de vesícula biliar) que el paciente esté experimentando por diferentes razones.