La fiebre generalmente persiste de 4 a 7 días, período durante el cual el niño puede experimentar malestar general, pérdida de apetito e inflamación de los ganglios linfáticos cervicales. Tras la resolución abrupta de la fiebre, surge un segundo síntoma característico: una erupción cutánea de color rosado a rojo, a menudo plana (no elevada), que palidece al presionarla.