Es crucial diagnosticar correctamente y determinar el tipo de reflujo en los bebés. Generalmente, el reflujo que se observa después de cada alimentación, con pequeñas cantidades de regurgitación, sin bilis ni sangre en el vómito, y con un buen desarrollo general del bebé, se considera fisiológico (normal). Sin embargo, si hay signos como un estancamiento en el aumento de peso del bebé o una pérdida de peso real, se debe sospechar un reflujo patológico y es necesaria una evaluación médica detallada. El reflujo patológico no tratado puede llevar a varios problemas de salud graves en los bebés y, a largo plazo, puede sentar las bases para el desarrollo de otras enfermedades. Las principales complicaciones incluyen la pérdida de peso, el retraso del crecimiento, el dolor debido a la irritación esofágica y la pérdida de apetito. Pueden presentarse alteraciones en los patrones de sueño, inquietud y dificultad para conciliar y mantener el sueño. Los vómitos recurrentes continuos aumentan el riesgo de que la leche o el contenido gástrico entren en la tráquea (aspiración), lo que lleva a infecciones pulmonares frecuentes. Además, pueden producirse daños en las cuerdas vocales y se pueden observar problemas respiratorios como sibilancias o estertores excesivos debido a la obstrucción bronquial en las vías respiratorias.