En el diagnóstico de la embolia pulmonar, la historia clínica del paciente es de gran importancia, y la posibilidad de una embolia debe evaluarse siempre. Aunque síntomas como la dificultad para respirar, la tos, el esputo sanguinolento y el dolor torácico pueden sugerir una embolia pulmonar, estos también pueden presentarse en muchas otras enfermedades torácicas. Si la historia del paciente, el inicio repentino de los síntomas y los factores de riesgo identificados refuerzan la sospecha de embolia pulmonar, el primer paso debe ser una prueba de sangre simple llamada dímero D. Los niveles de dímero D suelen aumentar en la embolia pulmonar; sin embargo, no son suficientes por sí solos para un diagnóstico definitivo. El diagnóstico definitivo se establece mediante una angiografía por tomografía computarizada (TC) de los pulmones, realizada con un agente de contraste (tinte) según el protocolo de embolia. Este método de imagen nos permite determinar la ubicación de un coágulo en las arterias pulmonares. Para identificar la fuente del coágulo, se puede realizar una ecografía Doppler de las piernas. Una vez que se diagnostica definitivamente la embolia pulmonar, se formula un plan de tratamiento adecuado a la condición clínica del paciente.