El diagnóstico del síndrome de Sjögren requiere una evaluación exhaustiva de diversos hallazgos clínicos y pruebas de laboratorio. La prueba de Schirmer se utiliza para la medición objetiva de la sequedad ocular. En los análisis de sangre, la presencia del factor reumatoide (FR) y de autoanticuerpos específicos como anti-SSA/Ro y anti-SSB/La puede ayudar en el diagnóstico. Adicionalmente, en algunos pacientes se pueden observar hallazgos como anemia o leucopenia en un hemograma completo. El diagnóstico definitivo de la enfermedad generalmente se realiza mediante el examen histopatológico de una biopsia de glándula salival menor. La compatibilidad del resultado de la biopsia con el síndrome de Sjögren es una parte crucial del proceso diagnóstico.