El diagnóstico de espina bífida puede establecerse en etapas tempranas mediante ecografías de rutina realizadas durante el embarazo. El análisis del líquido amniótico durante el embarazo y un aumento anormal del mismo también son indicadores importantes en el proceso diagnóstico. En el período postnatal, la observación de síntomas evidentes o la investigación de signos ocultos es también de vital importancia para el diagnóstico. Tras un examen clínico realizado por un neurocirujano, el diagnóstico de espina bífida en pacientes con sospecha se confirma mediante métodos de imagen radiológica como la Resonancia Magnética (RM) y la Tomografía Computarizada (TC).