El balón gástrico endoscópico ocupa un lugar importante en el tratamiento de la obesidad. Según los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se considera obeso a los individuos con un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 30. Este tratamiento se aplica principalmente a dos grupos de pacientes: 1. Aplicación Directa: Pacientes con obesidad cuyo IMC es superior a 35. 2. Aplicación en Casos de Enfermedades Concomitantes: Pacientes con un IMC superior a 30 que presentan enfermedades concomitantes relacionadas con la obesidad, como diabetes, apnea del sueño o hipertensión arterial. Otra aplicación crítica del balón gástrico es como terapia puente. Se utiliza en pacientes con obesidad mórbida para quienes se planifica una cirugía bariátrica, pero cuyos riesgos quirúrgicos (por ejemplo, debido a funciones cardíacas o pulmonares) son muy altos. Al colocar el balón, el paciente baja de un determinado umbral de peso, lo que mejora la condición general y las funciones de los órganos. Esto reduce los riesgos de anestesia y cirugía, permitiendo que el paciente se prepare para la cirugía de manera más segura. Una vez que se logra una pérdida de peso suficiente y una mejora de la salud, se retira el balón y se realiza la operación quirúrgica planificada.