En el tratamiento de los tumores óseos benignos, la zona afectada por el tumor se imageniza detalladamente primero mediante radiografía directa, resonancia magnética (RM) y tomografía computarizada (TC). Posteriormente, se evalúa en un consejo multidisciplinario con la participación de especialistas en radiología y patología. Si hay dudas en el diagnóstico, se toma una biopsia previamente para establecer un diagnóstico definitivo del tumor óseo. En la etapa quirúrgica, se determina la extensión del tumor dentro del hueso y se crea una ventana amplia para acceder a todo el tejido tumoral. A través de esta ventana, todo el tejido tumoral se retira y limpia cuidadosamente hasta los márgenes del hueso sano utilizando motores de alta velocidad. Sin embargo, dado que las células tumorales residuales a nivel celular pueden conllevar un riesgo de recurrencia, se pueden utilizar agentes adyuvantes como la cauterización, el fenol, el alcohol o el nitrógeno líquido para prevenir esto. El nitrógeno líquido se rocía en la cavidad ósea bajo presión en recipientes especiales, dirigiendo su acción a todas las posibles células tumorales residuales. Durante este procedimiento, el nitrógeno líquido alcanza aproximadamente -190°C, lo que provoca la congelación de las células tumorales. Posteriormente, el ambiente se eleva a aproximadamente +20°C con suero fisiológico, permitiendo que las células se descongelen. Este ciclo de congelación-descongelación provoca la ruptura y muerte de las células tumorales. Este ciclo se repite de 3 a 5 veces para destruir eficazmente todas las células tumorales.