La presbicia es una afección muy extendida, con un estimado de 1.800 millones de personas afectadas globalmente en 2015, cifra que se proyecta alcanzar aproximadamente 2.100 millones para 2030, según investigadores australianos. Su prevalencia es significativa en varias regiones; por ejemplo, el 88,9% de los individuos de 45 años o más en los Estados Unidos y el 76% en naciones en desarrollo como Brasil experimentan presbicia. La presbicia no corregida representa un desafío importante para la salud global, situándose entre las principales causas de discapacidad visual, particularmente prevalente en países de ingresos bajos y medianos. Si no se aborda, conduce a crecientes dificultades con las tareas diarias de visión de cerca y a una disminución de la calidad de vida general debido a la reducción de la claridad visual. Además, la presbicia impone cargas económicas sustanciales. Esto incluye altos costos médicos directos e indirectos, junto con pérdidas significativas de productividad. Un estudio de 2011 estimó la pérdida anual de productividad global debido a la presbicia no corregida y subcorregida en 25.400 millones de dólares estadounidenses.