Los hábitos alimenticios pueden desempeñar un papel importante en el desencadenamiento de enfermedades autoinmunes. Específicamente, una dieta rica en azúcares y grasas saturadas, basada en alimentos procesados, puede afectar negativamente el funcionamiento del sistema inmunitario, contribuyendo así a la aparición de trastornos autoinmunes o a la exacerbación de condiciones existentes.